la boda de yle y juan petit pleasures
Bodas reales

La boda de Yle y Juan

Chica santanderina y chico madrileño cruzan sus miradas un sábado por la noche en Madrid. Se conocen. Se confiesan adictos a la Coca Cola Light. Viven mil batallas juntos. Se prometen amor eterno. “Y muchas risas de dos”. La historia de Yle y Juan podría resumirse en seis frases, así me lo cuenta ella en un email cargado de palabras bonitas.

La boda de estos novios es especial. Lo supe desde que conocí a Yle en Instagram y vi por primera vez algunas fotos de su espectacular vestido de novia. Ella y yo conectamos mucho, percibimos las cosas bonitas de manera muy similar. Siempre tiene palabras de ánimo y piropos preparados para lanzarme. Así que ésta es mi manera de agradecerle, de rendirle un pequeño homenaje a su preciosa boda, a ella, a los dos. A Yle y a Juan.

¿Cómo preparar una boda desde la distancia?

Que se lo pregunten a ellos. Yle y Juan vivían en Nueva York cuando empezaron con todos los preparativos de la boda. Sin embargo, la distancia no fue ningún obstáculo. Apostaron por disfrutar de los momentos tal cual iban sucediendo y sin que se les fuera la vida en ello. “Con calma. Sin rollos. Sin agobios”, explica Yle.

El feeling, la seriedad y la implicación de los proveedores fueron claves a la hora de escogerlos a miles de kilómetros de distancia. “Invito a todos los novios a que disfruten de esta etapa con alegría, ilusión y cierto sentido común. A veces escucho de novias que no duermen, que no comen o que están angustiadas ocho meses antes. Esto es una fiesta llena de gente querida, no un examen de vida o muerte. Así hay que vivirlo y así lo vivimos nosotros”.

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El vestido de la novia

Yle nunca había soñado con su vestido de novia pero tenía claro qué era lo que no quería. Decidió comprarlo en Nueva York y para ello contó con la ayuda de sus amigas. Después de recorrer la Quinta Avenida y Madison Street de arriba a abajo, Yle se encontró con Badgley Mischka. “Seguramente no era el mejor vestido entre todos los vestidos pero en ese momento creí que sí que lo era porque al probármelo sentí que hablaba de mí. Era sobrio, sin volumen y tapado; llevaba mi nombre”, confiesa.

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La tiara de Gossamer se convirtió en el accesorio estrella del look de novia de Yle. Se trata de una una pieza única de 1920 súper especial que encontró en el anticuario californiano. Para completar su look y seguir con tradición, el “algo azul” lo lució en sus sandalias de Aquazzurra.

Yle fue una preciosa novia velada, lo tuvo claro desde el principio. El velo, que tenía una caída espectacular, es de Palmira, una casa de novias de toda la vida de Santander. Las joyas, de Joyería Yanes.

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El ramo de novia se confeccionó con hojas de olivo como guiño a la tradición olivarera de su suegro cordobés.

Boda en el Palacio de los Hornillos – Cantabria –

Cantabria, verano, verde y casona eran las únicas palabras clave”, cuenta Yle. El Palacio de los Hornillos y sus alrededores se convirtieron por casualidad en el lugar soñado. Tenía todo lo que la pareja buscaba: naturaleza verde, pura y sin artificios.

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La boda se celebró en la misma finca, originariamente propiedad del primer Duque de Santo Mauro y donde Alfonso XIII pasaba largas estancias. Un lugar con encanto en el que descansa una torre de vigía de tres alturas donde la pareja vivió momentos inolvidables. En esta torre se prepararon las princesas: Yle, su madre y su madrina. Por la noche, la princesa durmió con su príncipe. “Aún recuerdo ese sol entrando a la mañana siguiente por sus ventanales como el sol más bonito y cegador del mundo”.

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A pocos metros de la torre se encuentra la Capilla de San Jorge, una construcción que recuerda a un templo romano y cuya construcción se basó en la Madeleine de París. Yle llegó del brazo de su padre en un Escarabajo Rooftop del 58 y con la lluvia como testigo. “Ahí mismo me di cuenta que iba a ser la novia más bendecida de todas las novias y en parte me gustó”.

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Para respetar los alrededores de la finca, los novios apostaron por una decoración que fuera acorde con el paisaje: Grandes ramajes verdes, flores blancas para adornar el comedor, muebles del palacio originales de la época como sofás, mesas, aparadores, candelabros, una cama tapizada y una bañera en forma de hielera, entre otros objetos decorativos.

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Elecciones musicales y el momento más emocionante…

Para la iglesia, los novios contaron con Corelli, un cuarteto de cuerda y una soprano que tocaron piezas clásicas, elegidas personalmente por Yle: desde el ‘Dúo de las Flores’ de Delibes hasta la Cantata 147 de Bach.

A la salida, dos piteros amenizaron ese ratito pasado por agua con típicas jotas montañesas.

Para el aperitivo escogieron a Smoke Trio. “Súper profesionales y todo el mundo estaba encantado con sus versiones de clásicos internacionales de siempre”, cuenta Yle.

Para entrar al comedor, ‘Human’ de The Killers “por todas esas veces que la hemos cantado y bailado juntos”.

El primer baile: ‘Slowly’ de Natalia Lafourcade y Leiva.

Y para bailar bajo las estrellas: Borja de Hey Mickey.

“La llegada al altar y sentir, aun rodeados de gente, que no hay nadie más que él y tú. Por un instante te das cuenta que no puedes controlar nada y que el estar enamorada te hace simple, vulnerable, frágil. Es ahí cuando toda esa puesta en escena o falso atrezzo detrás de una boda se desvanece y el actor principal llamado amor cobra verdaderamente sentido. Te sientes viva. Feliz.”

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La Casona de Las Fraguas, el edificio más antiguo de la finca, acogió el aperitivo, el banquete y la posterior fiesta.
El aperitivo lo amenizó Smoke Trio y la comida fue obra del Chef cántabro estrella Michelín Fernando Sainz de la Maza. Borja de Hey Mickey animó la fiesta y “nos hizo bailar hasta maldecir los tacones”. Hasta la novia acabó por los aires…

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*Fotografía: Pelayo Lacazette
*Vídeo: Héctor Torra
*Vestido: Badgley Mischka
*Tiara: Gossamer
*Sandalias: Aquazzurra
*Velo: Palmira
*Joyas: Yanes
*Celebración: Palacio de los Hornillos
* Catering: Fernando Sainz de la Maza
* DJ: Borja de Hey Mickey

 

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